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Glándula Tiroides y las hormonas tiroideas

La tiroides es una glándula en forma de mariposa que se encuentra en el cuello, justo debajo de la laringe. Su función es producir las hormonas tiroideas.

Las hormonas tiroideas son importantísimas porque controlan el metabolismo.

Son las que dan permiso a que las funciones corporales ocurran.

Son reguladoras de vida.

 

Además interactúan con muchas de las demás hormonas, incluyendo la insulina, el cortisol y las hormonas sexuales como el estrógeno, la progesterona y la testosterona. Todas estas hormonas están vinculadas entre sí y en constante comunicación, y por eso una tiroides en mal estado está relacionada con muchas enfermedades.

 

LAS HORMONAS TIROIDEAS

Son las llamadas T1, T2, T3 y T4.

La numeración 1, 2, 3, 4 indica los átomos de yodo que hay en su composición

Las más importantes son la T3 o triyodotironina y T4 o tiroxina. De aquí en adelante solo vamos a hablar de la T4 y la T3.

La T3 es la más importante porque es la que envía los mensajes finales a tus células para acelerar el metabolismo y la quema de grasa.

Está involucrada también en la temperatura corporal, en el ritmo cardiaco y en casi todas las funciones metabólicas.

 

CÓMO FUNCIONA TODO EL EJE TIROIDEO

Todo lo que tiene que ver con metabolismo, energía y quema de grasa tiene involucrado el eje tiroideo.

 

Cuando el hipotálamo, en tu cerebro, percibe que tu cuerpo necesita un plus de energía para las múltiples funciones metabólicas, libera la hormona TRH u hormona liberadora de tirotropina.

El hipotálamo es una zona del cerebro que produce hormonas que controlan: la temperatura corporal; el hambre; los estados de ánimo; la liberación de hormonas de muchas glándulas, especialmente la hipófisis; la libido; el sueño; la sed y la frecuencia cardíaca.

 

Esta hormona estimula la hipófisis, esa glándula situada en la base de tu cerebro, para que segregue la hormona TSH o tirotropina.

La TSH es la encargada de estimular la glándula tiroides y regular la producción de las hormonas tiroideas.

La glándula tiroides producirá las hormonas tiroideas T4 y T3. Y cuando haya suficiente, le dirán al hipotálamo que pare el proceso. Casi el 90 % de las hormonas producidas por la tiroides son en la forma T4, que es la forma inactiva.

La T4 pasa por el hígado y convierte la T4 en T3, que es la forma activa, la importante.

Por lo tanto, por tu sangre circula la T4, que se transformará en T3 cuando tu cuerpo la necesite. Por eso, la concentración de T4 en sangre es mayor que la de T3.

 

Es decir;

  • Cuando el hipotálamo percibe que es necesario aumentar la energía, le llega el mensaje de “necesito energía”, entonces activa el eje tiroideo, estimulará la hipófisis y se liberará la hormona TSH, que estimulará la tiroides para producir las hormonas tiroideas necesarias. Por tanto, la TSH regula la cantidad de producción de T4 y T3 en función de si hay escasez o no.
  • Pero si el hipotálamo interpreta que tu cuerpo no necesita mucha energía, porque por ejemplo hay poca comida, no activará el eje tiroideo.

Si todo funciona correctamente, tu cuerpo tendrá las cantidades correctas de T3 y T4, que controlan el metabolismo de cada célula de tu cuerpo. Y cuando haya un nivel bajo de hormonas tiroideas, la hipófisis lo detecta y libera más TSH que animará a la glándula tiroidea a la producción hormonal óptima.

Pero si el hipotálamo no da la orden adecuada por el motivo que sea, la tiroides deja de trabajar, produciendo niveles inadecuados de hormonas tiroideas, bien porque deja de producirlas, o bien porque no sea capaz de convertir correctamente la T4 en T3. El resultado es que se producen problemas tiroideos que desembocan en enfermedades: hipotiroidismo, hipertiroidismo, tiroiditis de Hashimoto o incluso cáncer de tiroides.

 

Y ¿CUÁL ES LA CAUSA MÁS COMÚN? 

Años de una alimentación baja en grasas con déficit calórico, que ralentiza la función tiroidea.

Después de años sin utilizar la tiroides se «vuelve vaga» y deja de funcionar como debe.

Y no es que “te falla la tiroides”, eres tú el que está fallando a la tiroides.

Los niveles de T3 pueden ser alterados por muchos factores además de los desequilibrios nutricionales. También pueden influir factores adversos como toxinas, alérgenos, infecciones o estrés.

Si te encuentras cansado, con frio y sin ganas de hacer nada, puede ser porque tu hormona tiroidea no está funcionando bien.

 

HIPOTIROIDISMO

El hipotiroidismo ocurre cuando la glándula tiroides produce muy poca cantidad de hormonas tiroideas.

Los síntomas son:

  • Fatiga, falta de energía y el cansancio. A veces diagnostican depresión, cuando puede ser hipotiroidismo.
  • Aumento de peso.
  • Piel áspera y caída de pelo.
  • Sensibilidad al frío y baja temperatura basal habitual, menos de 36º.

El hipotiroidismo ralentiza el metabolismo, y por lo tanto es fácil engordar.

 

Además está relacionado a problemas graves de salud como la fibromialgia, el síndrome del intestino irritable, el acné, eczemas, enfermedades de las encías, infertilidad y enfermedades autoinmunes.

 

TIROIDITIS DE HASHIMOTO

La tiroiditis de Hashimoto es una enfermedad autoinmune donde el sistema inmune ataca y destruye a la tiroides.

A medida que avanza la destrucción de la glándula y bajan más los niveles de T3 y T4, va apareciendo la insuficiencia tiroidea. Y esto impide que la tiroides produzca cantidades suficientes de hormonas tiroideas, lo cual provoca a su vez hipotiroidismo.

Suele presentarse más en mujeres de mediana edad y cuya frecuencia ha aumentado de manera notable en los últimos años. 

 

EL BOCIO

La reducción de los niveles de hormonas tiroideas T3 y T4 hace que el organismo responda con más hormona TSH, de manera que el cuerpo responde enviando un mensaje a la tiroides para que trabaje más para producir más hormonas, produciendo inflamación en la glándula tiroidea.

En casos extremos la tiroides se inflama tanto que se agranda mucho provocando el bocio, llegando a dificultar problemas para tragar.

 

HIPERTIROIDISMO

Se produce cuando hay demasiada T4 o una tiroides hiperactiva, lo cual provoca que algunas de las funciones corporales se aceleren.

Suele ser más habitual en mujeres y puede ocurrir a cualquier edad.

Los síntomas son:

  • Sentirse inquieto, nervioso, emocional, irritable, dormir mal, y como si siempre estuviera en movimiento
  • Dificultad para concentrarse
  • Movimientos intestinales frecuentes
  • Períodos menstruales irregulares en las mujeres o falta de periodo
  • Pérdida de peso (o aumento de peso, en casos raros)
  • Latidos cardiacos, rápidos, fuertes o irregulares
  • Ojos saltones o exoftalmos

El hipertiroidismo puede ocasionar problemas cardiacos, tales como fibrilación auricular, miocardiopatía, angina de pecho e insuficiencia cardíaca.

 

CÓMO DIAGNOSTICAR UN PROBLEMA TIROIDEO

En los análisis de sangre, cuando hay sospecha de un problema con la tiroides, suelen medir:

  • Niveles de TSH (hormona estimulante de la tiroides): Cuanto mayor sea el nivel de TSH, mayor será la probabilidad de hipotiroidismo. El nivel ideal de TSH es de entre 1 y 1.5 mcUI/ml (unidades mili-internacionales por litro). 
  • Niveles de T4: El nivel normal de T4 es entre 0.9 y 1.8 ng/dL (nanogramos por decilitro).
  • Niveles de T3: La hormona T3 puede encontrarse en la sangre en forma libre o unida a otras proteínas. La T3 libre debe estar entre 240 y 450 pg/dl (picogramos por decilitro).

Cuando hay sospecha de hipotiroidismo, puede ocurrir que la TSH está dentro del rango «normal”. E incluso que la T4 también esté «normal». Y lo que puede estar pasando es que la T4 no se esté convirtiendo adecuadamente a T3, o que esa conversión se haga a T3 inversa, o forma inactiva. Esta T3 inversa no se suele pedir. Niveles elevados de T3 inversa puede indicar estrés crónico, infección por el VIH o insuficiencia renal.

 

ESTRATEGIAS BÁSICAS PARA RECUPERAR LA TIROIDES

Lo más importante es la alimentación. Porque cada alimento es información para tus hormonas y tus células, y por tanto para tus órganos.

Come alimentos naturales: verduras, carne, pescado, huevos…

Evita los procesados y alimentos con potencial inflamatorio.

Evita el azúcar: Porque el azúcar boicotea la liberación de la hormona tiroidea. La hormona tiroidea se encarga, además, de aumentar la absorción de glucosa y de gestionarla. Recuerda que el exceso de glucosa es tóxica y que tiene la capacidad de caramelizar proteínas produciendo lo que conocemos como hemoglobina glicosilada, ese importante marcador de prediabetes y diabetes. Si tu glucosa está siempre alta, tu cuerpo va a reaccionar liberando menos hormonas tiroideas, porque ya no la va a poder gestionar.

Evita los cereales, que son inflamatorios y no te aportan casi nutrientes.

Evita el gluten porque genera inflamación y causa estragos en tu tiroides. Y en muchas personas provoca respuestas autoinmunes y puede ser responsable de la tiroiditis de Hashimoto. Aproximadamente el 30 % de las personas con tiroiditis de Hashimoto tienen una reacción autoinmune al gluten, y no lo saben. Además, la sensibilidad al gluten puede hacer que el sistema digestivo funcione mal y que los alimentos no sean completamente digeridos, dando lugar al síndrome de intestino permeable.

Evita los lácteos si sospechas que no los toleras bien, porque también pueden ser inflamatorios.

Haz una alimentación baja en carbohidratos. La dieta cetógenica no daña la tiroides. Si está bien formulada es poco probable que afecte la tiroides de forma negativa. De hecho, se pierde peso y se acaba necesitando menos medicamentos de tiroides e incluso dejar de tomarlos completamente. Come lo suficiente para sentirte satisfecho y la tiroides estará bien.

Come menos veces al día: Cada vez que comes el sistema inmune se activa por si en la ingesta llega algún microorganismo dañino. Cuantas más veces comas, más actividad inflamatoria habrá y más se estimulará el sistema inmune para bajar esa inflamación. Si el sistema inmune se queda crónicamente activo, es posible que se apague el eje tiroideo. Deja que el sistema inmune trabaje cuando verdaderamente lo necesites e incorpora el ayuno intermitente.

Haz ejercicio. Muévete. Haz actividad física de alta intensidad y en ayunas, para que tu tiroides entienda que hay movilizar reservas de energía. Si no has hecho nunca ejercicio, ve aumentando la intensidad poco a poco, según te vayas adaptando. Intenta hacer deporte al aire libre porque estimulará aún más la tiroides.

Exponte al frio. Los seres humanos mantenemos una temperatura estable. Y la tiroides es la encargada de regular esa temperatura. Así ha sido durante millones de años de evolución. Hoy en día con la calefacción o el aire acondicionado, no la estamos estimulando.

  • Duerme en una habitación fresca, entre 17 y 19ºC, porque al no moverte porque estás durmiendo, la tiroides se activa más.
  • Incorpora agua fría al final de la ducha, para activar la tiroides y activar el metabolismo.
  • Baja la calefacción un poco y así también de paso cuidas el planeta.

Reduce el estrés: El estrés es uno de los peores enemigos de la tiroides. Los niveles de hormonas tiroideas disminuyen durante los momentos de estrés. El estrés provoca un aumento en los niveles de cortisol y adrenalina, y esto tiene un impacto negativo sobre la función de la tiroides. Duerme las horas suficientes, descansa, medita, relájate en la bañera, socializa, haz lo que le haga feliz.

 

ADEMÁS ¿QUÉ MEJORA LA TIRODES?

Yodo:

Es un componente clave para la hormona de tiroidea. Es un nutriente muy  importante que está presente en todos los órganos y tejidos, especialmente la piel, las glándulas salivales, los senos, el páncreas, el estómago o el cerebro. El yodo es la materia prima que necesitas para producir suficiente hormona tiroidea. Es un potente agente anticancerígeno, antibacteriano, antiviral y antiparasitario. Los síntomas de deficiencia de yodo son: Sequedad de boca, piel áspera y seca, problemas musculares: nódulos, dolor, fibrosis y fibromialgia. Se cree que hasta un 40 % de la población mundial tener deficiencia de yodo.

Pero el yodo compite con el bromo. El bromo está presente pesticidas, plásticos, algunas harinas, etc. Si estás expuesto a una gran cantidad de bromo, no almacenarás el yodo que necesitas e inhibirá la producción de la hormona tiroidea. 

Hay yodo sobre todo en las algas marinas no contaminadas. La leche cruda y los huevos también contienen yodo. Además, para aumentar los niveles de yodo, procura comer productos orgánicos siempre que puedas y lava bien los vegetales para reducir al mínimo los posibles pesticidas. Y limita la exposición a toxinas:  plásticos, metales y pesticidas. Además evita los recipientes de plástico. Utiliza vidrio y o cerámica.

Magnesio:

Es fundamental para un funcionamiento óptimo de la TSH y T4. Se encuentra en pescados grasos, verduras de hoja verde, frutos secos, semillas, chocolate negro y en los alimentos de animales de pasto, ya que provienen de suelos más ricos en nutrientes. La falta de magnesio produce fatiga crónica, cansancio, calambres, dolores en las articulaciones, mareos, dolores de cabeza y mala calidad del sueño.

Vitamina A (Retinol):

Es necesaria para que la T3 consiga desempeñar su rol en el metabolismo a través de la célula. Se encuentra principalmente en el hígado, el pescado azul, la yema del huevo, mantequilla.

Potasio:

Junto con la Vitamina A (retinol) se encarga de dar energía a la T3 en la célula. Necesitas potasio para mantener el equilibrio con el sodio. El potasio es clave para evitar la retención de líquidos, la hipertensión y los calambres. El aguacate es el alimento que más potasio tiene.

Vitamina D:

La falta de Vitamina D es otra de las causas que aumenta la probabilidad de sufrir hipotiroidismo, además de otras muchas enfermedades. Puedes obtener Vitamina D de la luz del sol, exponiéndote con cabeza. Y también desde los alimentos de origen animal, especialmente el hígado de bacalao, la yema de huevo, moluscos, pescados, mantequilla de pasto, etc.

Selenio:

Es un nutriente capaz de transformar la T4 inactiva en la T3 activa, y de producir hormonas tiroideas. Puedes encontrar selenio en las nueces de Brasil, las carnes rojas, aves, vísceras, pescados y mariscos.

Zinc:

Este nutriente mejora la conversión de T4 a T3. Encuentras zinc en mariscos, carne y lácteos oveja cabra, pescado azul, hígado, yema de huevo.

Hierro Hemo de origen animal:

Un aporte adecuado de hierro asegura el aporte yodo y de tirosina, un aminoácido que se encuentra en la proteína animal encargado de construir hormonas tiroideas. Se encuentra en los alimentos de origen animal como la carne, el pescado o el marisco.

Vitamina C

En los vegetales favorece la absorción del hierro no hemo. Sin embargo, los cereales empeoran la absorción de la vitamina C. Hay vitamina C en los pimientos, los cítricos o el brócoli.

 

MEDICACIÓN PARA LA TIROIDES

El tratamiento farmacéutico convencional por lo general consiste en reemplazar solo la T4 con fármacos y dejar que tu cuerpo la convierta en T3.

Sin embargo, muchas veces esta conversión tampoco es eficaz, por lo que hay fármacos que son una combinación de T4 y T3.

 Se debe abordar el problema desde la causa. Siempre es mejor hacer funcionar nuevamente su tiroides al tratar la causa subyacente en vez de tomar una fuente externa de hormona tiroidea.

No es necesario tomar medicación por el resto de tu vida, solo hasta recuperar la función tiroidea.

 

CONCLUSIONES

Las hormonas tiroideas son importantísimas porque controlan el metabolismo.

Todo lo que tiene que ver con metabolismo, energía y quema de grasa tiene involucrado el eje tiroideo.

Si todo funciona correctamente, tu cuerpo tendrá las cantidades correctas de hormonas tiroideas que controlan el metabolismo de cada célula de tu cuerpo.

Pero si por el motivo que sea, la tiroides deja de trabajar, se producen problemas tiroideos que desembocan en enfermedades: hipotiroidismo, hipertiroidismo o incluso cáncer de tiroides.

Cuida tu tiroides, porque es fundamental en tu metabolismo.

                                                                                                        

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