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Fructosa: El más peligroso de los azúcares

La fructosa es un monosacárido, un tipo especial de azúcar. La naturaleza nos la presenta en las frutas, en algunos vegetales y en la miel.

Pero también es un componente del azúcar de mesa y por lo tanto de multitud de alimentos procesados a los que les añaden azúcar o derivados del azúcar.

Fíjate que el azúcar de mesa es sacarosa: un disacárido compuesto por 2 monosacáridos a partes iguales: 50% de glucosa + 50% de fructosa.

 

Cuando comes azúcar, hay que hacer frente a la glucosa por un lado y a la fructosa por otro. Porque metabólicamente no se comportan igual.

Frente a la glucosa, ya sabes que tienes a la insulina y al hígado para gestionarla: una parte se utiliza como energía y la sobrante se transforma en grasa, se almacena.

Pero con la fructosa, no ocurre así.

La fructosa, sin necesidad de insulina, va toda ella directamente al hígado. No eleva la insulina ni el azúcar en sangre. Es el hígado el único lugar donde se hallan las enzimas necesarias para su metabolismo, que lo convertirán en glucosa, glucógeno de reserva o en forma de grasa. 

El hígado no está preparado para soportar grandes cantidades de fructosa, solo unos 50 o 60 gramos de una tirada. Así que cantidades pequeñas de fructosa se transformarán en glucosa para su posterior utilización. Pero si estos depósitos están llenos, rápidamente se transformará en grasa.

Por eso el azúcar es tan malo, porque si el hígado está ocupado con la glucosa, la fructosa la transforma directamente en grasa.

La combinación de mucha fructosa con presencia de glucosa en la sangre es muy mala. Es lo que hace que de la fructosa uno de los azúcares más generadores de grasa.

 

Con el tiempo, el hígado se va llenando de grasa, aumentando su tamaño, dando lugar al Hígado Graso No Alcohólico.

Y no viene por comer grasas. Viene por comer azúcar, por el exceso de glucosa y el exceso de fructosa.

El hígado graso y la resistencia a la insulina suelen venir juntos.

Cuando el hígado se llena de grasa se empieza a desarrollar una resistencia a la Insulina primero en el hígado y después a nivel global. Y entonces todos los problemas del síndrome metabólico se acrecentarán.

Si hay exceso de azúcar, habrá exceso de insulina, el hígado se sobrecarga de trabajo y si además hay ingentes cantidades de fructosa se inicia una resistencia a la insulina.

La fructosa está presente en el azúcar y en multitud de productos procesados. Y ya estás viendo por qué se convierte en un veneno para ti. No te puedes pasar con la fructosa.

 

¿Y LA FRUCTOSA DE LAS FRUTAS?

La fruta es agua, fructosa (y algo de glucosa) y fibra. Y algo de vitaminas y minerales.

La fructosa de la fruta, tras absorberse en el intestino, también va directamente al hígado, sin necesidad de estimular la insulina. En el hígado, se convierte en glucosa, por lo que estimulará la insulina de forma leve, con retardo y de forma atenuada.

La suerte que tiene la fruta es que al venir rodeada de mucha fibra, este carbohidrato se absorbe muy lentamente, sin formar grandes picos de insulina.

La fibra es el antídoto del veneno. Hace que la fructosa se absorba lentamente.

Si estás en periodo de querer adelgazar, mucha fruta significa más fructosa y al final, subirá la insulina.

Sustituye la fruta por verdura. La verdura tiene más minerales y vitaminas que la fruta y la quinta parte de carbohidratos. Las hortalizas gozan de las mismas vitaminas y fibra que la fruta y con mucha menos fructosa.

Las frutas no pueden estar en el mismo saco que las verduras. Las frutas no son verdura.

Prioriza las frutas bajas en fructosa. Los mejores son los frutos rojos: Arándanos, moras, fresas, frambuesas y cerezas. Tienen muy poco azúcar y de regalo vienen con muchos antioxidantes.

La fruta hay que comerla entera, mordida. Solo así se conserva lo mejor de la fruta, que es la fibra.

Nunca tomes la fruta en zumo porque desaparece la fibra y se convierte poco más que agua con azúcar. Un zumo puede contener el azúcar de tres o cuatro piezas de fruta, pero nada de su fibra. Los zumos no son fruta.

No hay que olvidar que la fruta es un carbohidrato. Por lo tanto el peor momento de tomar fruta sería al final de una comida, pues esa fructosa llega al hígado en un momento en el que la insulina ya está alta. En dicha situación, el hígado, viendo la insulina elevada, sabe que la glucosa abunda, con lo que no necesita convertir esa fructosa en glucosa o en glucógeno, de manera que la transforma en grasa con mayor facilidad.

De tomar fruta, es mejor tomar la fruta de forma aislada. En ayunas, o después de hacer actividad física, es cuando más beneficios aporta, sin estimular apenas la insulina.

 

CONCLUSIONES

La fructosa está en el azúcar y en los productos procesados.

El hígado sólo está capacitado para metabolizar una pequeña parte de fructosa. Si te pasas se transforma en grasa.

El azúcar, compuesto a partes iguales por glucosa y fructosa, juega un papel doble en la obesidad.

La fruta también contiene fructosa. Prioriza los frutos rojos que tienen poca fructosa. Es mejor sustituirla por verduras.

 

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