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Nuestra Evolución: Cómo comíamos y cómo comemos

La alimentación ha sido una de las claves en la evolución humana. Hemos comido lo que había en cada momento, y las dietas se han ido modificado a lo largo de la historia humana, afectando a nuestra evolución.

Se ha modificado la dieta sin que ocurran cambios paralelos de la estructura genética. Porque nuestros genes siguen siendo los mismos durante millones de años.

Hay lo que se llama discordancia evolutiva.

Esto ha traído riesgos en la salud y la epidemia actual de enfermedades crónicas relacionadas con la nutrición.

Quizá sea necesario adoptar cambios que nos acerquen nuevamente a la dieta de nuestros antepasados, aprovechando las ventajas y los conocimientos que nos proporciona la tecnología alimentaria.

 

ASÍ HEMOS EVOLUCIONADO

Durante 2,5 millones de años el hombre cazaba animales y recolectaba plantas, frutas y semillas. Era cazador-recolector y también  carroñero.

Si la comida escaseaba en un sitio determinado tenía que irse a buscarla en otro lugar. Era nómada.

Si con todo esto, no encontraba alimento podía pasar grandes períodos de tiempo sin comer. Ayunaba.

Hemos evolucionado el 99,5% de nuestra existencia en estas condiciones: comiendo animales, plantas, frutos y semillas.

Y ayunando cuando no había comida. Teníamos grandes períodos de ayuno en los que el cuerpo podía utilizar la grasa almacenada para sobrevivir.

Nos exponíamos a los ciclos de luz y oscuridad naturales. Teníamos un reloj biológico adaptado a la luz solar.

Nos movíamos y practicábamos la fuerza para salir a cazar y poder sobrevivir en un ambiente hostil. Se salía a cazar cuando se tenía hambre. En ayunas.

Y esta es nuestra evolución natural.

 

EN EL PALEOLÍTICO

El Paleolítico es el periodo más largo del ser humano. Como hemos dicho abarca unos 2,5 millones de años.

La alimentación se basaba en animales y en las grasas que se obtenían de los mismos. Básicamente consistía en carne, pescado y marisco.

Con esa alimentación base se obtenían todos los nutrientes esenciales: aminoácidos esenciales y los ácidos grasos esenciales.

La energía se obtenía de la grasa saturada y monoinsaturada.

Las vitaminas y minerales se obtenían también de los animales, y en menor medida, de las plantas, frutas y semillas que se pudiesen encontrar. Y de ahí también la fibra.

Según los antropólogos, teníamos músculos más fuertes, huesos más duros y no había caries

Y éramos más altos. Parece ser que hace 40 mil años, los hombres (machos) europeos medían, en promedio, 1,83 cm.

Se puede deducir que este tipo de alimentación nos era favorable.

 

HACE UNOS 10.000 AÑOS LLEGA EL NEOLÍTICO

En el Neolítico, nos empezamos a agrupar cerca de los ríos y aprendimos a cultivar. Apareció la agricultura.

Y con la agricultura, aparecen los azúcares y los almidones que cambiaron nuestro metabolismo.

Dejamos de ser nómadas. Ya no había que buscar comida. Ahora nos podíamos dedicar a otras cosas. Inventamos la rueda y progresamos en áreas como la escritura.

Las cosechas no siempre eran abundantes y se produjeron hambrunas. A su vez, el ganado nos traspasó nuevas enfermedades y nuestro cuerpo se resintió.

La nutrición no era buena y por tanto la salud era muy rudimentaria.

Además nos hicimos más bajitos, de media 1,62 cm. Nuestros cerebros también disminuyeron, así como el tamaño de las mandíbulas y los dientes. Cuando encuentran restos óseos, se puede saber por la densidad de los huesos, si un esqueleto es de un cazador recolector o de un agricultor.

Ha pasado tan poco tiempo desde entonces, tan solo un 0,5% de nuestra existencia, que no hemos conseguido adaptarnos a este cambio de metabolismo.

 

HOY EN DÍA

En algunos aspectos, con la era industrial y la revolución sanitaria, el agua potable, el alcantarillado, los antibióticos, las vacunas, etc., se ha cambiado a mejor.

Incluso hemos aumentado de altura 11 cm de media en el último siglo.

Ahora tenemos abundancia de comida. Ya no hay necesidad de ayunar, ni de hacer ejercicio porque tampoco hay que salir a buscar alimentos, y nos permitimos el lujo de comer varias veces al día. 

La comida procesada, el sedentarismo, la tecnología, la alteración continua de los ritmos circadianos y los trabajos actuales, nos están enfermando. Con la luz artificial, llegan los horarios de oficinas y se rompe nuestro reloj biológico natural que controla muchos de nuestros procesos fisiológicos.

Este cambio nos ha traído enfermedades y nos ha empobrecido la salud.

Hoy en día estamos enfermos y gordos. Seguramente por culpa de la alimentación y el protagonismo que ha tenido el azúcar y la comida  procesada pobre en nutrientes.

 

EL MITO DE QUE AHORA VIVIMOS MÁS

Nos repiten una y otra vez “ya, pero ahora vivimos más”, y nuestros antepasados del paleolítico tenían una esperanza de vida muy corta.

Parece ser que los antropólogos han encontrado evidencias de hombres de edad avanzada.

La esperanza de vida es una media. La mortalidad infantil, las infecciones, las guerras entre clanes, los accidentes, las muertes por parto, los depredadores, etc., hacen que la media de esperanza de vida fuera muy baja.

Todas esas cosas ahora no nos pasan y por eso la media de los años que esperamos vivir es bastante más alta.

Hay enfermedades por las que la gente ya no se muere: viruela, el tétanos o la rubeola. Sin embargo, hay otras en ascenso y que hoy son las responsables de la mayoría de las muertes y los padecimientos de nuestra generación, como las enfermedades cardíacas, el Alzheimer y todos los diversos tipos de cáncer.

Sí, nuestros cuerpos, más gordos, viven más tiempo. Claro, tenemos mejor medicina, educación, higiene, etc.

 

¿NUESTROS GENES HAN CAMBIADO?

No.

Pero sí han podido activarse genes hereditarios diferentes a los de nuestros antepasados.

Esto es algo que se llama epigenética.

Por ejemplo, ahora llegamos antes a la pubertad que hace 100 años. Y eso también puede influir en nuestra salud adulta. 

En términos de genética, vivimos en un ambiente nutricional que difiere de aquél para el que nuestra constitución genética fue seleccionada. Se trata de un lapso breve, 10.000 años, en el que no ha dado tiempo  a producirse nuevos cambios adaptativos.

Los cambios recientes en la alimentación son el resultado de dos fuerzas sociales muy poderosas: primero la agricultura y la ganadería, y después la revolución industrial.

Y ellas son responsables de lo que se designa como «discordancia evolutiva»

 

NUESTRA SALUD SE HA RESENTIDO

Nuestra genética no ha cambiado, pero hacemos y comemos cosas muy diferentes a nuestros ancestros.

Tratamos nuestro cuerpo como si no tuviésemos un pasado evolutivo.

Ahora nos quieren imponer dietas de moda bajas en grasas y bajas en calorías. 

Pero ¿alguna vez hemos comido así? No.

La obesidad apareció en el siglo XX y se empezó a disparar a principios de los 70. Hemos hecho cambios que son un verdadero atentado contra nuestra biología.

El enfoque evolutivo de la salud nos da muchas pistas.

Vemos las enfermedades modernas como una combinación de inflamación, resistencia a la insulina y alteraciones metabólicas, pero los causantes originales son los que hemos mencionado: alimentación no adaptada a nuestros genes, desincronización de los ritmos circadianos, sedentarismo, poco contacto social.

Debemos aprender mirando al pasado: a qué están acostumbrados nuestros genes y así podremos entender muchas de las enfermedades actuales.

 

Si arreglamos estos aspectos de la vida actual puede que no curemos todas las enfermedades, pero lograremos una calidad de vida mucho mayor.

 

CONCLUSIONES

Evolutivamente somos cazadores, recolectores y carroñeros. Sin saberlo, se hacía una alimentación cetogénica: baja en carbohidratos y alta en grasas.

La agricultura ha cambiado nuestra alimentación trayendo los cereales a nuestra mesa cada día y con ello nuevas enfermedades. Porque no nos hemos adaptado.

Aprendamos a ver lo positivo del pasado y ajustémoslo a nuestra forma actual de vida para mejorar nuestra salud.

 

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