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Lactancia Materna: La mitad es Grasa

Se habla mucho de importancia de “Los primeros 1.000 días de la vida” de un niño. Aquí podéis ver un video precioso en Youtube.

Estos primeros 1.000 días empiezan desde la concepción: Una madre que coma sano transmite sabores de comida sana a través del líquido amniótico a su futuro hijo y este hijo probablemente aceptará mejor los sabores de comida sana en su futuro.

Este proceso continúa en la lactancia: Los sabores de los alimentos que la madre ingiere pasan a la leche materna y continúan educando el gusto por la comida sana en el niño.

Los padres debemos dar ejemplo y comer comida sana, fresca y no procesada.

La alimentación de un bebé es fundamental de cara a su salud para toda la vida.

Debemos empezar bien, para seguir bien.

 

LOS BEBÉS: LECHE MATERNA

La naturaleza habla por sí misma: el único alimento especial para bebés es la leche materna. Todo lo demás lo hace la industria alimentaria.

Y tiene todo el sentido porque, evolutivamente y durante millones de años, era lo único que podíamos darle a nuestros bebés. Solo así crecían y se desarrollaban tanto física como mentalmente.

Durante los 6 primeros meses de vida, la leche materna debería ser el único alimento. Esto lo defiende la OMS y las asociaciones de pediatras. No hay controversia.

Además, lo ideal es que se pudiera amamantar a los niños hasta los 2 años de forma complementaria a su alimentación.

 

LA LECHE MATERNA ES GRASA SATURADA

No olvides que la leche materna contiene grasasLa grasa presente en la leche materna tiene una composición de ácidos grasos que es única. Aproximadamente:

  • Grasa saturada en un 50%
  • Grasa monounsaturada en un 35%. La leche materna es rica en ácidos grasos esenciales Omega3 y Omaga 6 que participan en el desarrollo del sistema nervioso central y en la agudeza visual del bebé.
  • Grasa poliinsaturada en un 15%

Y de la grasa saturada, más de la mitad son ácidos grasos de cadena media (AGCM).

Los AGCM son un alimento antibacteriano, antibiótico, antiviral, antifúngico y antiparasitario. Por lo tanto tienen la capacidad de proteger a los bebés de una amplia gama de gérmenes, parásitos y enfermedades infecciosas en una época en la cual su sistema inmune es aún inmaduro e incapaz de defenderse adecuadamente por sí solo. Los AGCM son suficientemente letales como para destruir virus y, a la vez, lo suficientemente delicados como para alimentar a un bebé, aunque fuese prematuro, para que se desarrolle sano.

Los AGCM de la leche materna mejoran la absorción de nutrientes, la función digestiva, ayudan a regular el azúcar en sangre y protegen al bebé de microorganismos, fortaleciendo su sistema inmune.

Es muy importante que la leche de la madre contenga la mayor cantidad posible de AGCM, y esto se consigue con la alimentación que lleva la madre. La madre tiene que consumir abundantes alimentos que contengan estos ácidos grasos, y así la madre producirá una leche rica en estos nutrientes.

Y no solo eso. La madre debe prepararse mucho antes de que nazca el bebé. Las mujeres embarazadas almacenan grasa que más tarde utilizarán para producir la leche. Si la madre no se alimenta con suficientes AGCM y tampoco los consume durante la lactancia, sus glándulas mamarias solo serán capaces de producir un porcentaje muy pequeño de estos ácidos grasos.

Por lo tanto en el embarazo y en la lactancia es fundamental que la madre aporte grandes cantidades de AGCM en su dieta, para proporcionar el máximo beneficio a su bebé.

La mejor grasa saludable rica en AGCM es el aceite de coco, que se puede consumir en todas las etapas de la vida.

La alimentación de la madre es clave. No toda la leche materna es igual. Si una madre consume alimentos que contienen toxinas, como las grasas trans, estas también se encontrarán en su leche. La calidad de la leche depende de la salud y la dieta de la madre y está compuesta por los alimentos que esta consume. Si la madre presenta deficiencias de nutrientes vitales, la leche que produce será de inferior calidad.

Es muy importante que las mujeres embarazadas y las mujeres que amamantan a sus hijos tengan una alimentación adecuada rica en nutrientes y en grasas saludables.

Además la grasa es el vehículo de las vitaminas liposolubles para que estas se puedan absorber.

La naturaleza es sabia y sabe cómo debe alimentar a un bebé.

 

CURIOSIDAD: NACEMOS EN CETOSIS

Las cetonas forman parte del aporte energético en el cerebro del bebé cuando nace y durante el período de lactancia. Es el combustible principal todo el tiempo. Y así debe ser para su correcto desarrollo neuronal y cerebral.

La leche materna es rica en triglicéridos de cadena media (MCT) y muchos de estos MCT se almacenan como parte del tejido adiposo del bebé. Así, cuando termina la lactancia se pueden extraer estos MCT para prolongar la cetosis durante más tiempo.

Cuando el bebé deja de mamar y empieza a alimentarse de forma “convencional”, leches de fórmula y cereales, el cerebro empieza a depender de la glucosa y se abandona la cetosis.

 

LECHES DE FÓRMULA SÓLO SI ES NECESARIO

Pero es que a veces no se puede. Las madres nos reincorporamos al trabajo a los 4 meses después del parto. Y no solo eso, el estrés laboral y el retraso de la maternidad por problemas laborales, se traduce en que muchas madres no producen suficiente leche y esto hace que alimentar al bebé únicamente con leche materna no siempre sea posible.

Si no hay más remedio, habrá que recurrir a leches de fórmula. Pero por mucho que digan los fabricantes de estos productos que es muy parecida a la leche materna, no es verdad. Hay diferencias y muchas; y pueden llegar a influir en la salud de nuestro bebé: impacto en la flora intestinal del bebé, en el desarrollo de su sistema inmunológico, niveles de inflamación etc. Las leches adaptadas no son equivalentes a la leche materna, son sucedáneos.

Los pediatras y profesionales de la salud deben promocionar y recomendar la lactancia y ayudar a las madres que deseen amamantar a sus hijos. La mayoría lo hacen.

Pero por supuesto, ninguna madre está obligada a dar el pecho. Es una decisión libre. Pero está claro que esta decisión se tomaría mucho mejor si se dispone de toda la información y no se vive en la ignorancia, como suele ocurrir.

 

LOS BEBÉS NECESITAN GRASA

La leche materna contiene más del 50% de grasa saturada, por algo será.

Además el porcentaje de grasa en la leche materna aumenta mucho en la lactancia prolongada. Es decir, un niño que toma pecho a los a los 12 meses, recibe una alimentación con más del 60% de las calorías en forma de grasa. Por algo será.

Y también contiene colesterol en abundancia. De 100 a 200 mg por litro. También por algo será.

¿Y la leche de fórmula? Pues solo incorporan entre 10 y 30 mg por litro de colesterol. Diez veces menos que la leche materna. Esto es fruto del miedo a las grasas.

El colesterol es fundamental para el sistema inmunológico y para el desarrollo neurológico del bebé.

A pesar de esto, todavía algunos pediatras recomiendan pasar de la leche materna a «leche de vaca desnatada» a los 2 años. Les quitan la grasa. Esto no tiene ningún sentido. Es justo al revés de lo que se ha considerado el mejor alimento para los primeros 2 años de vida.

Menos mal que actualmente hay leches de fórmula donde incluyen el aceite de coco, rico en ácidos grasos parecidos a la leche materna. Si tienes que recurrir a leche de fórmula, busca una que contenga este ingrediente.

 

TRAS LOS 6 MESES: COMIDA REAL

Pero las madres se tienen que incorporar al trabajo a los cuatro meses, y esto dificulta la lactancia materna exclusiva durante los primeros 6 meses, tal y como recomienda la OMS.

Según la OMS, a partir de los seis meses de edad se recomienda continuar con la lactancia materna, junto con alimentos complementarios apropiados, hasta los dos años de edad o más.

 

Hay mucha división de opiniones de los pediatras es qué deben comer primero.

Los pediatras de la «vieja escuela» dicen que los primeros alimentos sólidos de los bebés sean papillas de cereales. ¿Tiene sentido? Evolutivamente no tiene sentido porque los cereales han llegado a nosotros hace muy poco.

Lo lógico sería que un bebé a partir de los 6 meses coma carne, pescado, vegetales y algunas frutas. También dicen que el huevo no se pude dar hasta el año, por si desarrolla una alergia. Parece ser que no hay evidencias de que esto sea cierto.

Tienen que comer lo que comemos los adultos. Es decir, los alimentos complementarios deben ser comida real. Lo único que como no tienen dientes, habrá que triturar o machacar un poco los alimentos, y cocinar todo para que esté blandito. Según desarrolle la dentadura, comerá como nosotros.

 

MIS REFLEXIONES

Por un lado no paran de decirnos los médicos y profesionales de la salud que las grasas saturadas naturales son dañinas y obstruirán nuestras arterias.

Por otro lado los mismos profesionales recomiendan alimentar a los bebés con la leche materna, llena de grasa saturada. Nos dicen que es el mejor alimento que existe y que hay que fomentarlo incluso por encima de los 2 años de edad.

No puede ser mala la grasa si forma parte de la mitad del mejor alimento que existe para formar el cerebro de nuestro bebé.

O la grasa saturada no es mala o la leche materna no es el alimento más sano que existe si tiene tanta «grasa mala» en su interior.

A mí me resulta difícil de entender.

 

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