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Cáncer: ¿Enfermedad metabólica o genética?

La medicina “oficial” se empeña en afirmar que “el cáncer es una enfermedad genética” y que «el cáncer tiene su causa en mutaciones genéticas», es decir, que si te tocan los genes de cáncer, es difícil librarse. Sin embargo dada día hay más evidencias de que el cáncer es una enfermedad metabólica y no genética.

La teoría del cáncer basado en las mutaciones genéticas como algo «heredado» tampoco termina de demostrarse, ya que el cada año hay más incidencia de cáncer. ¿Son esas mutaciones la causa o una consecuencia?

Es posible que tengas los genes que te «predisponen» a tener cáncer, pero una vez más tú puedes hacer muchas cosas para que «el posible cáncer» se quedarse “dormido” toda tu vida y que ese e gen «no se active» si consigues que tus células no sufran alteraciones metabólicas que dañen tus mitocondrias. Es el daño mitocondrial el que acaba produciendo mutaciones genéticas y después tumores.

Por tanto, el origen del cáncer es un daño mitocondrial, no los genes. Si el gen que está ligado al cáncer no daña las mitocondrias, no aparece el cáncer. Y ese daño mitocondrial se puede prevenir, evitar e incluso curar. Solo tienes que vigilar tu alimentación, tu estilo de vida y el estrés.

 

TUS CÉLULAS ESTÁN CONTINUAMENTE REPLICÁNDOSE

Mediante el proceso de mitosis una célula se divide y da lugar a dos células idénticas con el fin de crecer y reemplazar células viejas. Lo primero que se hace es una copia del ADN para que cada célula nueva tenga una copia de todos tus genes.

Cada vez que una célula se divide tiene la posibilidad de mutar.

A lo largo de tu vida se producen más de diez mil billones de divisiones celulares y cada una de esas divisiones puede dar lugar a una célula sana o a una célula cancerígena. Lo normal es que el sistema de vigilancia de tu cuerpo detecte las células cancerígenas y las destruya mediante los procesos de autofagia y apoptosis. Pero si esas mutaciones sobreviven y se replican pueden dar lugar al cáncer.

 

EL LLAMADO «EFECTO WARBURG»

El nombre se lo debemos al fisiólogo alemán Otto Warburg, que obtuvo el premio Nobel en 1931 por demostrar que las células tumorales presentan un metabolismo basado en la fermentación de la glucosa. Y que las células normales sanas se pueden volver cancerígenas cuando se someten a una falta de oxígeno o hipoxia.

 ¿Qué quiere decir esto?

Las células sanas obtienen la mayoría de su energía en sus mitocondrias, oxidando glucosa con el oxígeno que le llega, ese que respiras.

Pero cuando hay escasez de oxígeno, las mitocondrias no pueden respirar como es debido y no pueden producir energía de la manera normal. Para suplir la falta de oxígeno, se obtiene la energía dentro de la célula pero fuera de la mitocondria. Es decir, para sobrevivir, la célula cambia su respiración para adaptarse a la ausencia de oxígeno. Y lo hace fermentando glucosa. 

Como la fermentación es un proceso muy poco eficiente para obtener energía, la célula necesita mucha más glucosa, hasta 200 veces más glucosa que una célula normal.

La fermentación produce un crecimiento celular rápido y descontrolado. Y esto produce a su vez la formación de tumores.

Y es curioso, pero los ácidos grasos, tu otro posible combustible, no pueden fermentarse por las células cancerosas.

Es decir, al mantener la glucólisis como forma de metabolismo, la zona que se reproduce tiene unas necesidades aumentadas de glucosa para poder nutrirse mucho mayores que las células sanas.

En palabras sencillas:

Las células cancerígenas se alimentan de glucosa.

El motivo es que tienen poco oxígeno para respirar y necesitan fermentar azúcar para sobrevivir.

 

En casi todos los cánceres las mitocondrias están dañadas. Las células cancerígenas, con sus mitocondrias dañadas, solo pueden consumir glucosa mucho más deprisa que las células sanas.

Como las mitocondrias controlan la apoptosis o muerte celular programada, las células cancerígenas con sus mitocondrias dañadas, deciden no sacrificarse por el bien común, no se suicidan y se replican sin control. Se vuelven inmortales. Por eso, las células sin mitocondrias como las de los glóbulos rojos o la córnea, no pueden volverse cancerígenas.

El cáncer se produce porque hay daño mitocondrial.

Y ¿Qué daña las mitocondrias? La alimentación llena de azúcar, las toxinas, los fármacos, el estrés, etc.

 

Otto Warburg obtuvo el premio Nobel por descubrir una de las posibles causas del cáncer.

¡Hace 90 años! Y durante este tiempo ese conocimiento se ha ignorado.

Aunque todos los oncólogos conocen el efecto Warburg, en vez de investigar el cáncer como consecuencia de un metabolismo alterado, siguen enfocados en afirmar que el cáncer es “una enfermedad genética” y en buscar posibles tratamientos.

La investigación sigue destinando los recursos a secuenciar mutaciones genéticas, cuando las mutaciones genéticas podrían no ser la causa, sino una mera consecuencia del desorden metabólico mitocondrial.

La medicina oficial ignora el efecto Warburg como una de las causas del cáncer. Sin embargo, sí utiliza el efecto Warburg para realizar los diagnósticos: El PET o tecnología de emisión de positrones.

Lo que hace el PET es identificar y ver la actividad de aquellas células que consumen elevadas cantidades de glucosa. Se inyecta glucosa al paciente y se observa dónde se consume esta, para localizar los tumores. Los oncólogos saben que existe una relación directa entre dicho consumo de glucosa y la malignidad de la célula.

Cualquier oncólogo os confirmará que el PET es la prueba mejor y más precisa para evaluar la extensión y malignidad de un tumor. Y funciona. Pero, curiosamente, sólo se ha usado para desarrollar un método de diagnóstico, y no para para desarrollar un tratamiento.

El efecto Warburg, una de las posibles causas del cáncer, usado sólo para diagnosticar, pero no para curar. ¿Alguien lo entiende?

 

EL AYUNO Y LA DIETA CETOGÉNICA CONTRA EL CÁNCER

Como acabas de ver, las células cancerígenas “chupan” glucosa como fuente de energía muchas veces más que una célula normal debido a un metabolismo dañado.

Si comes constantemente alimentos procesados y carbohidratos cargados de azúcar estás predisponiendo a tus células a verse forzadas a pasar de una respiración oxidativa a una fermentación. Las células literalmente se están ahogando por la dieta terrible.

Lo lógico, por tanto, es reducir la ingesta de glucosa de la alimentación. Si se reducen los niveles de glucosa se podría literalmente “matar el cáncer de hambre”.

El ayuno junto con una dieta que lo simule, como la dieta cetogénica, disminuyen los niveles de glucosa en sangre.

Al reducir el aporte de glucosa: Por un lado se mejoran las respuestas tumorales, y supervivencia general.

Y por otro lado las células normales (sanas) se hacen más resistentes a la quimioterapia, reduciendo los efectos secundarios.

La quimioterapia y la radioterapia actúan sobre el ADN expuesto de las células que están en continua replicación, tanto en las células cancerígenas como en las células sanas.

Cuando se ayuna durante 24-48 horas, las células empiezan a entrar en una fase más «adormecida» y los ciclos de reproducción y de división celular son menores, protegiéndose más el ADN de las células sanas. Por tanto el ayuno hace que el cuerpo soporte mejor una sesión de radioterapia o de quimioterapia: Menor daño de la radiación a las células sanas colindantes con el tejido cancerígeno a tratar.

Un paciente que acude a su sesión de quimio haciendo un ayuno tiene a sus células sanas en estado “de reposo», con muy poca división, sin exponer su ADN a la quimio, tolerando mucho mejor la quimio. La alimentación cetogénica le ayudará, tanto a pasar mejor la quimio como a estimular menos la insulina, la hormona «de proliferación celular» por excelencia.

Cada día sale a la luz más evidencia de que el ayuno y la dieta cetogénica podrían sentar las bases de una futura cura metabólica para el cáncer que no aumente y detenga su avance. Que un paciente oncológico tome pan, galletas, etc. es como echar gasolina al fuego.

Por tanto, como también dice en su libro el Dr. Thomas Seyfriedel cáncer es una enfermedad metabólica y no genética” y dice que en algunos países como Japón ya hay médicos que utilizan el ayuno como único tratamiento en algunos tipos de cáncer.

 

LIBROS QUE RECOMIENDO

1 – Un libro que recomiendo leer es “La estrategia metabólica contra el cáncer”.

Su autora, la Dra. Nasha Winters fue diagnosticada de cáncer a los 19 años y desahuciada por los médicos. Como no tenía nada que perder y mucho que ganar decidió ponérselo difícil al cáncer. Dejó el azúcar y los carbohidratos de alto índice glucémico como el pan, los cereales, la pasta, las patatas, el arroz, etc. y optó por una dieta cetogénica y ayunos.

Y consiguió reducir el tumor hasta poderlo tratar y después consiguió curarse. Con su libro ayudó a miles de pacientes con cáncer proponiendo una estrategia basada en 10 puntos o «terrenos»,

 

2 – En el libro «Cáncer: la sorprendente verdad» de Travis Christofferson, un ingeniero convertido en escritor científico, también se intenta explicar lo mismo. Un libro que hay que leer.

 

CONCLUSIONES

Una de las posibles causas del cáncer está basada en el efecto Warburg, que dice que las células cancerígenas consumen hasta 200 veces más glucosa que una célula sana para contener energía y sobrevivir.

Si esto es así, es lógico pensar que el ayuno y la dieta cetogénca «matan de hambre» al cáncer.

El cáncer NO es una enfermedad genética, sino un trastorno metabólico.

Se puede influir en la función mitocondrial a través de la alimentación y el estilo de vida.

Busca siempre un médico actualizado que te ayude.

 

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